miércoles, 19 de marzo de 2014

¿Cómo surge la idea?


El día que por mi casa sentí de cerca los efectos de la escalada de violencia, luego del inicio de las protestas el pasado 12 de febrero, un miedo (al principio paralizante) se apoderó de mí.


Pensaba en las posibilidades de una guerra civil, y en mi mente se atiborraban todas las imágenes, documentales, libros e información que yo conocía acerca de la guerra. Mi cerebro se convirtió en un gran Guernica, donde se amontonaban los restos de mi mundo: mis amigos, mi familia, mis conocidos, mis calles, mi ciudad, mi país... Vi, en una proyección mental del futuro, todo destruido, todo manchado de sangre, todo muerto. Y lloré. Lloré muchísimo y desconsoladamente.


Cuando me calmé, me sentí más atrapada que nunca entre dos trincheras, en medio del fuego cruzado (que antes era intelectual e ideológico, y ahora se volvía físico).

Tengo amigos muy queridos que forman parte de las filas del chavismo, cuya integridad, consciencia y estilo de vida es un ejemplo palpable y real de coherencia con los ideales que planteara Chávez en su discurso. Los admiro y los quiero, y sé que trabajan incansablemente dentro de su ámbito de acción y más allá para hacer realidad ese sueño en el que creen. Son artistas, comunicadores, escritores, músicos, ingenieros, técnicos, artesanos, ecologistas... Saben de historia y de política, y creen en el poder del pueblo para lograr cosas. Han visto muchos cambios positivos y también han contribuido a generarlos, por eso, valoran sobremanera lo bueno y lo positivo que surgió del ideal bolivariano. Se organizan para autogestionar iniciativas y cada vez que los veo me dan una lección de optimismo. Aunque no estoy de acuerdo con ellos en todo, sus argumentos me parecen válidos, y no los considero violentos ni "sedientos de la sangre de los oligarcas de la cuarta". Son gente buena y que trata de vivir día a día haciendo lo correcto y más. Sin ellos y sin gente como ellos, el mundo sería un lugar muy árido, sin sueños ni utopías seríamos víctimas resignadas de la Matrix.


También tengo amigos muy queridos que siempre han sido o que han pasado a formar parte de la oposición. Son personas normales que trabajan para sustentarse y que enfrentan más o menos las mismas dificultades que yo en su día a día. Son artistas, comunicadores, escritores, músicos, ingenieros, técnicos, artesanos, ecologistas... Algunos son de oposición porque sencillamente no creen en el socialismo como modelo político, creen en otra cosa; y algunos consideran que, en el caso venezolano, su implementación no ha sido tan exitosa como debería a causa de anti-valores presentes en nuestra propia cultura. Otros siguen creyendo en el modelo socialista como el mejor camino, pero critican duramente muchos aspectos que no son coherentes con la propuesta; les parece que todo podría estar mucho mejor. Muchos de ellos tienen argumentos que me parecen muy válidos y aunque no comparta todos sus puntos de vista, tampoco me parecen esos "oligarcas fascistas que acabaron con Venezuela, que odian a los pobres o que no les interesa lo que pase con el sector menos desfavorecido del país". Sencillamente creen en otros caminos para ser funcionales como sociedad. Son gente buena y que trata de vivir día a día haciendo lo correcto y más. Sin ellos y sin gente como ellos, las buenas ideas nunca podrían mejorarse y estaríamos condenados al estancamiento.


Imaginarme a mis amigos, todos tan queridos, enfrentados en una guerra fue la imagen más dolorosa que ha pasado por mi mente. Sentí que no podía permitirlo y aunque sabía que mis ambiciones estarían sometidas a muchas limitaciones (comenzando por las propias), decidí que tenía que hacer algo: esa noche, entre lágrimas de tristeza y lágrimas de esperanza, surgió No Estoy Contigo Ni Estoy En Tu Contra. Un refugio para aquellos que huyen de la demencia colectiva, para los optimistas de cualquier color político que quieren construir y crear, junto a otros optimistas de cualquier color político. Un espacio para crear puentes de diálogo verdaderos y para generar propuestas contra la polarización beligerante que caracteriza nuestra coyuntura política actual.

Los invito a formar parte de esta idea y también a reproducirla en su propio entorno.

¡Seamos puentes para el diálogo!

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